Ratoncito Pérez: un amigo para Alfonso XIII

El padre Coloma escribió, en 1894, el famoso cuento para el rey niño. Fue un encargo de la regente María Cristina de Austria para aliviar la pérdida dental de su hijo.

 

raton-perez-colomaTodos los niños del mundo han recibido en alguna ocasión la visita nocturna del Ratoncito Pérez. Es una estupenda compensación a la traumática pérdida de un diente. El roedor cambia la pieza escondida bajo la almohada por una moneda. Y el dolor desaparece. En parte por el regalo, en parte por la emoción de la presencia misteriosa.
La tradición viene de antiguo. Parece que los vikingos ya comerciaban con los dientes infantiles, pues se tenía la creencia de que llevar consigo parte del cuerpo de un niño daba fuerza y protección en la batalla.
En la edad media, se enterraban para que las bujas no los encontraran. De ser así, éstas podían echarlos al fuego y adquirir poder sobre su dueño. En otros lugares, los incisivos de leche se quemaban rápidamente para evitar el regreso en su busca después de muerto. Se supone que nada de esto era gratis y al propietario había que complacerle con alguna recompensa.
La relación con los ratones parece que proviene de las antiguas sociedades agrarias europeas del siglo XV. Las hipótesis más amables hablan de que las madres ofrecían los dientes caídos de sus hijos a los roedores que corrían por la campiña como símbolo de unión entre la fertilidad de la tierra y el crecimiento sano de sus retoños.
Otras se refieren a motivos más mundanos. En tiempos de crisis, se cuenta, los campesinos cazaban estos animales para alimentarse. Conocían sus preferencias por el queso, pero al no poder disponer de él para estos fines, lo sustituyeron por dientes con un color similar. A cambio, a los niños les daban los ratoncitos más pequeños para jugar con ellos.
Sin embargo, no fue hasta 1894 cuando al jesuita Luis Coloma (1851-1915), miembro de la Real Academia Española desde 1908, se le ocurrió plasmar la leyenda sobre papel. Por encargo de la reina regente María Cristina de Austria, viuda de Alfonso XII, escribió el cuento del Ratón Pérez para el rey niño Alfonso XIII que, con 8 años, acababa de perder un diente.

alfonso-xiii-ninoEl protagonista es el rey Buby I, alter ego de Alfonso XIII, al que su madre llamaba cariñosamente Bubi. El pequeño monarca, convertido en roedor por una horas, acompaña al Ratón Pérez, “muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja, terciada a la espalda”, en su aventura nocturna. Visitan la casa de su familia, una gran caja de galletas Huntley, bajo el pabellón de la famosa tienda de Carlos Prast, sita en el número 8 de la calle Arenal de Madrid, a apenas cien metros del Palacio Real.
Esta confitería y tienda de ultramarinos fue muy popular en la época por la calidad de sus productos y la buena atención de sus vendedores. Hoy hay una zapatería en cuya fachada se lee en una placa: “Aquí vivía, en una caja de galletas, Ratón Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el niño Rey Alfonso XIII”.
La misión es recoger, despistando al temido don Gaiferos, “gatazo enorme, cartujano, cuyos erizados bigotes subían y bajaban al compás de su pausada respiración”, el diente de Gilito, un niño que vive en la más absoluta penuria, en una buhardilla de la calle Jacometrezo.
En su extraordinario viaje, Buby I descubre que hay niños muy diferentes, que pasan hambre y frío, pero que también son sus hermanos porque todos son hijos de Dios. El padre Coloma dedicó una atención especial a la educación de Alfonso XIII, un niño, dicen, débil de salud, mimado y caprichoso, pero inteligente y espontáneo.

raton-perez-arenalEl manuscrito autógrafo del jesuita, con dedicatoria a Alfonso XIII incluida, se encuentra en la cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio. La primera edición del cuento, junto a otras narraciones, data de 1902. En 1911 se reeditó de forma independiente con ilustraciones de Mariano Pedrero. El padre Coloma volvió a regalárselo al monarca, ahora adulto, con una sentida dedicatoria.

Dientes por todo el mundo

El Ratoncito Pérez ha sido exportado a prácticamente todo el mundo, especialmente a los países latinoamericanos. En Argentina y Venezuela es el Ratón Pérez. En México, Chile y Uruguay, el Ratón de los Dientes. En Francia e Italia, Ratoncito (la Petite Souris, Topolino). En los países de habla inglesa no hay roedor, pero sí Hada de los dientes (Tooth Fairy). Los catalanes acuden al Angelito (l’Angelet). En algunas zonas de Portugal y Chile, los niños lanzan sus dientes sobre el tejado mientras piden que los nuevos sean sanos y fuertes.

 

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